Consejo

Gonzalo Martín

El sarcófago del siglo XX, el feto incorrupto del siglo XXI
(o una arenga de principios de siglo para mentes desordenadas)
Nuestro tiempo es escaso

¿Han renacido Freud, Einstein, Schönberg, Picasso, Wittgenstein, Popper y Bertrand Rusell?
En algún sitio están escribiendo, pintando, componiendo y ensayando los tipos que cambiarán el mundo. O que nos harán la ilusión de verlo diferente. Lo mismo lo han hecho ya y a pesar de internet no lo sabemos. ¿Dónde estáis? Veniros. Los de arriba o están desacreditados, o imitados hasta el cansancio o han alcanzado la frontera en la que los paradigmas se terminan. Seguro que hoy pareces feo, insustancial, absurdo o estás envuelto en la espiral de silencio que rodea todo lo que no es espectáculo. Piensa: ¿será que todo tiene que ser espectáculo para ser discriminado entre las cuatro o cinco cosas que se pueden recordar?


Franco murió en la cama y a nosotros nos dieron fiesta en el colegio (¡¡bien!!)
No nos interesa por qué no fuisteis capaces de sacarlo de la cama. No estoy dispuesto a ver cómo se os acerca la fecha de jubilación y seguís haciendo ruido contando las historias de la mili. Qué oscuro era todo. Pues sí, ya miramos las fotografías, están en blanco y negro repletas de sulfitos: a nosotros nos han regalado el color y tu angustia no me importa, ahora me joden otros. Mis problemas son otros.


Don't kill capitalism, do it yourself
¿Y si hiciéramos un fondo de inversión con la única finalidad de comprar todos los edificios de Marina D'Or para poder derribarlos?


Lavapiés es el mundo entero
He visto un musulman en el metro de barba descuidada y rizada, de túnica clara y hasta los pies, le he visto recitando el corán con los ojos cerrados y un rosto agobiado, le he visto mover los labios sin parar y he tenido miedo. He tenido miedo. He respirado al bajar del tren y dejarlo atrás. Mis imágenes y mis fantasmas se han alterado. Cuatro lenguas para el mundo: árabe, español, chino e inglés. Sólo conozco dos. En la calle las pakistaníes se mueven risueñas y los chinos esperan a que rebusques en su tienda. No quedan chulapos ni organillos, me paso a comer las croquetas del gallego y añoro el kebab de cuatro tiendas más abajo. Nunca hablé gallego y no sé si lo hablaría: me pregunto si tengo profesora de mandarín para mi sobrino. Para el inglés ya lo mando de viaje, pero tengo que hacerlo un hombre de provecho. O sea, prepararlo para ganarse el estipendio entre el Río Grande y el Río Amarillo.


¿Matarías a Bin Laden?
¿Sí? ¿No? Pregúntate si pensaste que era lícito matar a Pinochet o si alguna vez has pensado en estrangular a Fidel Castro. Y plantéate la decisión: la próxima bomba que se lleve millares de muertos podría depender de que tuvieras a Bin Laden en la mira de tu rifle. Ese que te han dado. Y te han prometido que, si lo haces, salvaras a todos esos... Nosotros no tenemos respuesta. Formúlatela de otra manera: ¿por qué matarías a Bin Laden? ¿hay excepciones a no poder matar? Busquemos un filósofo de guardia porque tenemos las mismas viejas preguntas y el mismo montón de dudas.


Will we fear Google some day?
Ahora que te cagas en las gafas de Bill y te preguntas si Tarantino quería ponérselas a David Carradine para que Uma Thurman le cortara la cabeza en nuestro nombre, decides dejar el rastro de toda tu vida. Quieres grabar tus conversaciones telefónicas, haces públicos los videos de tu novio mientras se masturba, escribes tu diario y se lo enseñas a millones de personas: has renunciado a la intimidad y quieres que lo que eras te lo puedas repetir una y otra vez. Pero aún eres joven para saber qué harás, para qué te servirá el verte y el oirte cuando sientas que el primer cáncer te acecha. Pero tienes edad para esperar que el cáncer sea, un día que lo veas, una gripe. Llegó Gran Hermano y resultó que Orwell era un bromista. ¿O no?


El adoctrinamiento tiene un final (al igual que una finalidad)
Mientras los gobiernos reparten frecuencias a sus amigos, nosotros nos inventamos canales en internet. Misión: ver lo que queramos, cuando queramos a la hora que queramos y donde queramos. Ningún gobierno, ningún periódico participante en el saqueo podrá decirnos que nos sentemos juntos a las nueve de la noche a que nos engañen. Si quieren que veamos sus anuncios, tendrán que pagarnos, o pedirnos permiso. Si nos cuentan una trola, otro al lado contará la contraria en una competición a ver quién hace menos el ridículo. Te dieron un botón para decidir y ahora se quejan de que lo usas. No sólo contemplarás, participarás.