(Santiago de Chile, 1973) es de una fuerza desgarradora y sus pinturas resultan encantadores paisajes de desolación post-apocalíptica. Su trabajo se vale de un lenguaje propio basado en el uso de los iconos populares del cómic, la ilustración y la TV, a los que desentraña, amputa, recompone y recontextualiza, haciéndoles hilo conductor de narraciones no lineales sobre hechos universales. Los originalmente inocentes caracteres se convierten en juguetes bélicos que, con ironía y sarcasmo, describen la violencia inherente al hombre y la hipocresía en la política, el racismo o la manipulación de la información. Su inmediatez visual supera el hecho concreto y convierte su narrativa estética en narración generacional.