A Antoni Miralda (Terrasa, Barcelona, 1942) no le interesa la exhibición ?objetual? del arte. Para él, la experiencia artística se basa en eso, en experiencia. La mayoría de sus obras han sido acciones, recreaciones de ambientes o ?performances? donde la participación y complicidad de la colectividad/el espectador tiene un papel predominante. Su creación se desarrolla a partir de un diálogo intergeneracional e intersocial, que básicamente es un intercambio cultural, abierto a toda clase de colaboración. A modo de antropólogo, idea sus trabajos alrededor de la búsqueda, el conocimiento y difusión de la identidad y el sentimiento colectivo, aspectos que para él sobreviven en tradiciones y ?recetas? culinarias de la cultura y sabiduría popular, y que se manifiestan universalmente a través de la fiesta, la celebración y la representación de rituales y ceremoniales. Acérrimo pacifista y antimilitarista, en ocasiones establece una dicotomía entre lo divertido y la crítica social, lo tradicional y lo moderno, entre la fiesta y el drama, entre la paz y la guerra, utilizando la ironía y la reducción al absurdo como ingredientes principales.